El ex director del Searpi rompe el silencio: “Advertimos este desastre meses antes y nadie escuchó”

Lo ocurrido en Achira, asegura, no fue un accidente ni una sorpresa. Fue una advertencia desoída.

La voz de Luis Aguilera, ex director del Searpi (Servicio de encauzamiento de aguas y regularizacion del Rio Piraí), no tiembla, pero arrastra la mezcla amarga de frustración y cansancio de quien -según él mismo dice- “lo vio venir”.

“Cuando tuvimos los incendios, dije que después vendrían las inundaciones”, recuerda. “No llevaron en consideración los proyectos que presentamos para evitar esto”. Su afirmación resume la tesis central de su denuncia: la tragedia de Achira era evitable.

En entrevista con EL DEBER, Aguilera reconstruye una cadena de omisiones que, a su juicio, culminaron en el colapso del 13 de noviembre. Habla de fondos que llegaronfondos que no se ejecutaron, proyectos que se diseñaron y autoridades que —dice— simplemente los dejaron en un cajón.

20 millones sin ejecutar: “No sé dónde están”

El exdirector afirma que el Gobierno anterior comprometió 40 millones de bolivianos para trabajos de emergencia luego de los incendios y el deterioro de los defensivos. Finalmente, solo 20 millones llegaron a la cuenta del Searpi el 18 de agosto. “Subimos esos 20 millones al PAC para licitar de inmediato. El 5 de septiembre dejé el cargo con todo listo para que el proceso avance”, asegura.

“No sé dónde están esos 20 millones ni por qué no se licitaron. Esa respuesta la tiene que dar el actual gobernador”.

Sin embargo, el actual director del Searpi, José Antonio Rivero, admite tener solo 20 millones de bolivianos para emergencias. Con eso ha movilizado maquinaria en 16 municipios y trabaja en 72 puntos prioritarios.

El cambio climático ya no avisa: golpea

Aguilera sostiene que desde 2006 el comportamiento de las cuencas cruceñas dejó de seguir patrones históricos. “Ya no son eventos anormales; son la nueva normalidad”, explica.

Recuerda crecidas extraordinarias en 2006, 2014, 2021, 2023, 2024 y 2025, todas superiores a lo registrado décadas atrás.

“El Piraí llegó a mover 20 millones de metros cúbicos hora este año. Antes, no pasaba de 15 millones… y la diferencia es que ahora el agua baja con sedimento: más volumen, más fuerza”.

Según él, los defensivos construidos entre 2009 y 2020 (fase 1 a fase 5) evitaron desastres mayores durante más de una década. “Minimizamos inundaciones gracias a esas obras”, afirma.

Pero hoy —advierte— ese sistema ya no está preparado para el nuevo ritmo del clima.

Deforestación masiva: el enemigo interno

Si algo repite Aguilera con insistencia es el papel devastador de la deforestación en las llanuras de inundación: “Las áreas boscosas ciliares frenan al río, lo encauzan. Hoy están deforestadas en un 50%”

Acusa directamente a municipios, ABT e INRA por permitir asentamientos ilegales y tala descontrolada.

Los avasalladores se meten en las riberas, tumban árboles y dejan al río sin freno. Después nos preguntamos por qué se inunda”.

En su visión, el colapso no solo proviene del agua que viene de arriba, sino del desgaste provocado por el hombre en las márgenes.

Un costo devastador: 7.600 millones en 40 años

Aguilera ofrece un dato que él mismo califica de “demoledor”:entre 1984 y 2025, las inundaciones han provocado pérdidas económicas equivalentes a 7.600 millones de bolivianos.

A ello suma los 2.500 millones perdidos solo en la temporada 2024–2025, cifras que -dice- dejan en evidencia lo absurdo de no ejecutar proyectos de prevención cuyo costo es mucho menor.

“¿Usted cree que eso no puede invertirse en proyectos? Los agricultores saben cuánto pierden cada vez. La prevención siempre es más barata que el desastre”.

Propuesta urgente: 160 kilómetros de canales

Para Aguilera, ya no basta reforzar defensivos de orilla. “Eso era antes. Hoy la solución inmediata es otra: construir 160 kilómetros de canales en los 16 municipios afectados para drenar el agua rápidamente”.

Afirma que este diseño ya estaba concebido como parte de una “fase 6” de obra, prevista para ejecutarse en 2023–2024, pero nunca fue aprobada.

“Es un plan listo para actualizar y ejecutar. Solo se necesita decisión política”.

Un Searpi debilitado: “Paupérrimo”

Otro foco rojo es la situación actual del Searpi, al que Aguilera describe sin rodeos: “Es una institución paupérrima”. Con 11 millones de bolivianos de presupuesto anual, dice, es imposible enfrentar la magnitud del cambio climático y las demandas de 16 cuencas.

“Sin recursos, sin apoyo técnico y sin coordinación con municipios y Gobierno central, el Searpi está condenado a reaccionar, no a prevenir”.

La advertencia final: “Prepárense”

Aguilera comparte la misma proyección del agrometeorólogo Luis Alpire: las lluvias excepcionales continuarán hasta abril, con riesgo de episodios aún más intensos.

“Prepárense, va a haber más inundaciones”, sentencia. “Lo de Achira fue un mensaje. Lo que viene dependerá de lo que hagamos ahora”.

Antes de despedirse, lanza un último reclamo, directo y casi personal: “¿Dónde estaban las instituciones cuando había que actuar? Ahora aparecen cuando el muerto está para ser enterrado. Hay que trabajar ya”.

Con este nuevo testimonio, la pregunta vuelve a caer sobre las autoridades y sobre toda la estructura institucional: ¿seguir reaccionando después del desastre… o comenzar por fin a prevenirlo?

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